viernes, 25 de septiembre de 2015

Ubuntu y sudo

Uno de los problemas recurrentes para los usuarios normales es ejecutar ciertas tareas que requieren privilegios de superusuario. Estas tareas incluyen instalar y actualizar software, editar archivos de configuración del sistema, y acceder a dispositivos. En el mundo Windows, a menudo se hace dando a los usuarios privilegios de administrador. Esto permite a los usuarios ejecutar estas tareas. Sin embargo, también permite que los programas ejecutados por el usuario tengan las mismas capacidades. Esto no es deseable en la mayoría de los casos, ya que permite al malware (software malicioso), como los virus, tener dominio absoluto del ordenador. En el mundo Unix, siempre ha habido una mayor división entre los usuarios normales y los administradores, debido a la herencia multiusuario de Unix. El enfoque tomado en Unix es proporcionar privilegios de superusuario sólo cuando se necesite. Para hacer esto, normalmente se usan los comandos su y sudo.

Hasta hace pocos años, la mayoría de las distribuciones Linux confiaban en su para este propósito. su no requería la configuración que requería sudo, y tener una cuenta root es tradicional en Unix. Esto creaba un problema. Los usuarios tendían a operar como root cuando no era necesario. De hecho, algunos usuarios utilizaban sus sistemas exclusivamente como root, ya que eliminaban todos esos molestos mensajes de “permiso denegado”. Así es como se reduce la seguridad de un sistema Linux a la de un sistema Windows. No es una buena idea.

Cuando apareció Ubuntu, sus creadores tomaron un rumbo diferente. Por defecto, Ubuntu desactiva el acceso a la cuenta root (impidiendo establecer una contraseña para la cuenta), y en su lugar utiliza sudo para proporcionar privilegios de superusuario. La cuenta de usuario inicial tiene acceso a privilegios completos de superusuario vía sudo y puede proporcionar poderes similares a posteriores cuentas de usuario.

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